Eres bella, pero no lo suficiente.
Y aunque lo fueras, ser bella no es una póliza de seguro. Ser bella no impide que te dejen y te mientan y te hagan daño. Ser bella no te salva, pero seguro hubiera ayudado en algo, ¿no?
De todas maneras, eso no te toca a ti, Laura. A ti no te toca ser bella, ni te toca la póliza de seguro, ni te toca que no te dejen, que no te mientan o que no te hagan daño. A algunos les toca y a otros no, eso lo sabes bien. Claramente, a ti no te tocó.
Tampoco te tocó olvidar. El dulce don del olvido, de cerrar los ojos y que se esfumen los agravios, de borrar de tu mente imágenes dolorosas, de perdonar y seguir tu vida con tranquilidad y sin cicatrices.
Así que recuerdas, recuerdas cada momento en que tu alma se rompió en pedazos y recuerdas el momento exacto en el que cada fibra de tu alma cayó al suelo para que él camine sobre ella y la pisotee al continuar su vida. Recuerdas, también, las horas llorando sentada en el piso buscando y recogiendo los pedazos que quedaron.
Recuerdas mucho, Laura, y no deberías.
Laura, algún día me tienes que dejar en paz.
La imagen es de aquí.



