Nos vamos a conocer y pensarás que soy tierna y yo pensaré que eres gracioso.
Me agregarás a Facebook y conversaremos de cosas sin importancia hasta la madrugada.
Pasarán las semanas y probablemente saldremos a algún lugar los dos solos.
Te darás cuenta que no puedo parar de comerme las uñas y me daré cuenta que no te molesta.
Me preguntarás sobre mis hobbies y yo no mencionaré que escribo un blog.
Te preguntaré sobre tu infancia y me contarás alguna historia idiota, graciosa, sin importancia.
Eventualmente saldremos de nuevo, y otra, y otra vez.
Tal vez te deje besarme y tú me dejarás sostener tu mano mientras caminamos.
Comeré helados y dulces y tú solo me observarás ensuciarme la cara, y te reirás.
Mirarás a la gente y recordarás historias que nunca me dirás.
De repente, un día me preguntarás si quiero estar contigo y yo me reiré y diré que sí.
Porque así es como van las cosas.
Entonces, saldremos más y estaremos juntos más tiempo.
Vendrás a mi casa y te contaré lo que sucedió en el día.
Me verás estudiar y yo ignoraré tu presencia por momentos.
Me acostumbraré a ti y tú te acostumbrarás a mí.
Te acostumbrarás a mis momentos de ausencia y me acostumbraré a tus silencios.
Me acostumbraré a tus enojos y te acostumbrarás a mi indecisión.
Nos acostumbraremos el uno al otro, a todas esas imperfecciones que no nos molestarán.
Me amarás.
Y yo te amaré menos de lo que le amé a él.
Me amarás más de lo que ella le amó a él.
Y te amaré menos de lo que tú me amarás.
Pero, al fin y al cabo, nos amaremos.
jueves, 5 de diciembre de 2013
jueves, 28 de noviembre de 2013
Adiós
Adiós a jugar en la cocina, a que me cargues en tu espalda, a que me lleves a mi cuarto y me sientes en mi cama para que te cuente qué hice hoy.
Adiós a correr a buscarte, a recogerte del trabajo, a esperarte leyendo libros de poesía.
Adiós a Cuzco, a Santa María, a casi Puerto Rico, al salar de Uyuni y a encontrarnos en Disney, en París.
Adiós a tus indecisiones, a mis recelos, a los resentimientos que nunca supimos manejar.
Adiós a tenerte dormido a mi lado, a la compañía mientras estudiaba, a las despedidas de madrugada.
Adiós a que engordes conmigo, que hagas dieta sin mí, al KFC y las tortas y el ron.
Adiós a tus ojos de perrito, a mi sonrisa eterna, a tu mano en mi mano, a tu frente en mi hombro.
Adiós a ti conmigo, a mí sin ti, a tu madre y a tu abuela que siempre me adoraron.
Adiós a tres años hermosos, tortuosos, eternos.
Adiós a mí, a Lele, a Laura, al pedazo de alma que te llevas y que siempre me faltará.
Adiós a ti, precioso, único, verdadera muestra que aprendí a amar.
Ni todos los adioses del mundo serían suficientes para despedirme de ti.
La imagen es de aquí.
Etiquetas:
Historias de Laura,
Historias y sentimientos
martes, 12 de noviembre de 2013
Un hoyo vacío
Ay, Laura, te encuentras de nuevo en el mismo lugar. En el mismo hoyo vacío y confuso al que sueles regresar cuando las cosas no salen bien, cuando la gente no te quiere como tú los quieres.
Regresas al mismo hoyo y te escondes de todo y de todos, temerosa de que algo más te deje abandonada. Sientes que no podrías soportar más despedidas. Y aun así sigues buscando atisbos de esperanza y luz que te dan fuerzas para salir de ese hoyo oscuro; pero, cuando estás a punto de salir, te das cuenta que todo era imaginación tuya. Que las esperanzas eran vanas y la luz era falsa y te lo imaginaste todo solo para que el mundo sea un poco más soportable, un poco menos pesado. Al final debes despedirte de nuevo cada vez.
Es que para la gente como tú la gravedad es más fuerte, el aire pesa más y todo te jala hacia el hoyo de nuevo. Y sabes que al final no importa si obtienes lo que quieres porque terminarás en el mismo hueco vacío de nuevo, porque en realidad nunca saliste de ahí, porque lo más alejada que has estado de él es mirar por fuera del borde el mundo exterior, pero siempre con la mente metida en la oscuridad. La verdad, Laura, es que vives en esa oscuridad, es parte de ti y jamás podrás zafarte. Estás hecha de vacío y de angustia hasta la última fibra de tu cuerpo y, aunque no quieras, siempre te verás inmersa en ese hoyo oscuro. De repente es por eso que todo siempre termina tan mal, por eso es que la gente no te quiere y por eso siempre te sientes fuera de lugar.
La gente hecha de vacío y angustia está destinada a vivir sola, Laura. Toda compañía es eventual y distanciada. A nadie le gusta vivir con oscuridad en su vida. No importa cuánto amor entregues, ni cuanto busques a la gente; la oscuridad siempre los espantará.
Ya es hora que comprendas que la vida es más cruel que lo que es justa y que una persona hecha de angustia jamás podrá obtener lo que en verdad quiere: no ser más angustia.
Han sido malos días. De lágrimas y sábanas frías.
La imagen es de aquí.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Madre
Mi madre me encontró acurrucada en la cama mirando la pantalla sin verla, con los ojos hinchados y respirando lentamente.
-¿Por qué estás acurrucada así? ¿Tienes frío?
Negué con la cabeza. Sentía el llanto regresar. Se acercó a la cama y me miró desde arriba, con pena.
-¿Fuiste a hablar con él?
Asentí con la cabeza. Definitivamente el llanto regresaba. Se sentó en la cama y miró hacia el techo, calculando sus palabras para no hacerme más daño.
-Si son cosas que no se pueden cambiar... Bueno, no se puede hacer nada, no sufras. Pero yo creo que ustedes los jóvenes tienen la palabra "terminar" en la punta de la lengua y la usan para cualquier cosa que pase. Al final, si se quieren y quieren estar juntos van a seguir regresando el uno al otro y seguirá pasando lo mismo.
Me miró con muchísima pena porque ese siempre había sido mi gran error: sentir mucho. De alguna manera, si hubiera sido fuerte e insensible, yo hubiera sido mejor y más balanceada. Pero siempre fui un manojo de lágrimas y nervios, y mi madre jamás supo bien qué hacer conmigo.
Me preguntó si iba a cenar y se fue a su cuarto. El mundo se redujo a mi pequeño departamento en Miraflores y a las palabras sabias de mi madre.
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