miércoles, 14 de mayo de 2014
Calvario
Te recuerdo detenido en un segundo de calvario
aferrándote, desesperado, a tan poco que se te escapa de las manos.
Se deslizan entre tus dedos los susurros impolutos
del amor que se te había prometido
y ya no era más
porque ella, de espaldas,
se escabulle por la neblina,
un fantasma más que puebla
la moribunda necrópolis
de tu corazón.
La imagen es de aquí.
domingo, 9 de marzo de 2014
Bochorno
Me despierto entre sábanas blancas cubierta de tu olor y tu tacto y tus besos como un sudor seco pegado a mi piel. Y siento, pegajosos, los recuerdos bloquear mis poros, impidiéndome respirar. Me despierto entre tus brazos que ya no están y palabras que no son más que susurros en el bochorno. Entonces me sobo los ojos y veo tus iris observándome en la oscuridad de mis párpados cerrados. Me estiro y se descosen las suturas de tus heridas y vuelven a doler, y vuelven a sangrar.
Creo que es hora de darme un baño.
Me meto en el agua y me lavo el pelo una y otra y otra vez intentando quitar tu olor como si se tratara del hedor de cigarro de una mala noche. Enjabono mi cuerpo y lo restriego con la esponja intentando deshacerme de esa capa de piel que tocaste, que grita tu nombre y que arde de pena y vacío. Me quedo bajo el agua y ya no sé si es la ducha o si lloro.
Me quité todo, quedé vacía.
Por fin me dejaste.
Cierro la ducha, tomo la toalla, salgo del baño y me doy con la sorpresa que el mundo es nuevo.
Estoy limpia de ti.
Tengo entradas escritas que no publico porque siento que nunca estarán listas. Me cansé, aquí va una.
La imagen es de aquí.
Me quité todo, quedé vacía.
Por fin me dejaste.
Cierro la ducha, tomo la toalla, salgo del baño y me doy con la sorpresa que el mundo es nuevo.
Estoy limpia de ti.
Tengo entradas escritas que no publico porque siento que nunca estarán listas. Me cansé, aquí va una.
La imagen es de aquí.
domingo, 16 de febrero de 2014
Algo hermoso
Me pidieron que piense en algo hermoso.
Cerré los ojos
y vi los surcos dorados
que recorren el marrón de tus iris.
Vi tu boca abrirse
y soltar una carcajada.
Vi tus labios
volverse una sonrisa.
Vi tu mano
arrastrarse por el espacio entre nosotros,
deslizándose sobre el cuero del sillón
para buscar la mía.
Vi mechones de tu pelo
bailar y saltar brillando,
dorados, al ritmo del viento
en una tarde rosada.
Me pidieron que piense en algo hermoso
y solo pude pensar en ti.
La imagen es de aquí.
sábado, 8 de febrero de 2014
Resaca
Iba manejando por Miraflores, el sol había sido desplazado por una neblina suave y helada que barría las calles. A lo lejos, reconocí una figura que caminaba cabizbaja con el celular en una mano y la otra metida en el bolsillo del pantalón. Lo hubiera reconocido en cualquier momento, en cualquier lugar.
Se me ocurrió poner las luces de emergencia, detenerme, ofrecer una sonrisa y decir: "¡Hola! ¿Te jalo a algún lado?". No podía hacer eso. Ya no. Eso estaba totalmente fuera de lugar. Era un gesto amable que podía caerme como una bomba directo al alma, que podía destruirme hasta lo más profundo. ¿No verlo por meses y hacer eso? ¡Debía estar loca!
Seguí manejando. Entonces, me dio miedo pasar a su lado y que reconozca mi auto azul y me vea llorar por el espejo retrovisor y se sienta mal porque no paré a ofrecerle que lo jale a algún lado o porque lloro cuando lo veo caminando en la calle. Me dio miedo que piense que lo estaba siguiendo, que estaba pasando a su lado adrede porque lo acosaba día y noche porque nunca lo podría superar. Ya era muy tarde para cambiar de camino, me acercaba a pasar por su lado rápidamente y no había nada que pudiera hacer al respecto.
Entonces, me asaltó el miedo más profundo de todos, el miedo que me paralizó y me hirió más. Me dio miedo que no reconozca mi auto azul, que no me reconozca por el espejo retrovisor, que no se sienta mal porque lloro cuando lo veo por la calle. Me dio miedo que me haya olvidado por completo y de verdad.
No pude evitar que las nubes en los ojos empiecen a llover, ni que se tuerza el nudo en la garganta, ni que mi cerebro se acalambre y duela y regresen todos los recuerdos que pensaba que dejé ir.
Supongo que así se siente una resaca del alma, cuando todo lo que amaste por fin te choca y te hiere. No me quedó más que manejar de vuelta a casa.
La imagen es de aquí.
Etiquetas:
Historias de Laura,
Historias y sentimientos
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