sábado, 12 de febrero de 2011
30 cosas que me hacen feliz
A veces creo que paso demasiado tiempo overthinking lo que quiero escribir en mi blog y tal vez por eso no escribo tanto. Al final mis posts pueden ser muy largos o tediosos y los escribo cada vez que se alinean los planetas en orden alfabético así que aquí va un post light, como la Inca Kola light o la gelatina light...
30 cosas que me hacen feliz (no precisamente en orden de importancia):
1. Cuando Carbón viene cuando lo llamo.
2. Quedarme dormida abrazando a Dante.
3. Cuando sale el sol y hay viento tibio.
4. Preparar la ensalada para la cena y que a todos les guste.
5. Sentirme limpia y fresca después de ducharme.
6. Cuando saludo a gente en la calle y me responden (¡sin mirarme raro!).
7. Bebés que bostezan.
8. Parejas de ancianos contentos que mantienen el buen humor.
9. Niños educados.
10. Perros que se acercan a saludarte alegremente en la calle.
11. Nubes con formas divertidas.
12. Cuando mi mami me pide que la acompañe porque "quiere mi opinión".
13. Cuando mi hermano se acerca a contarme su día.
14. Ponerme cualquier ropa en la mañana y más tarde en el día descubrir que quedaba bien junto.
15. Pajaritos en la calle que hacen ruidos graciosos o bonitos.
16. Encontrar lo que estaba buscando.
17. La comida rica.
18. Quedarme horas echada en mi cama haciendo nada.
19. Dormir en la playa.
20. Las imágenes o fotos bonitas que encuentro en internet.
21. Andar sin zapatos por la casa.
22. Tomar fotos a todo y a todos.
23. Ver fotos antiguas en las que salgo con mis hermanos o mis primos.
24. Preparar tortas y que queden bien.
25. Cantar a todo pulmón las canciones que me encantan.
26. Comprarme (o que me compren) algo muy bonito que quería desde hace tiempo.
27. Las conversaciones largas sobre la vida con mis amigas.
28. Irme de viaje y conocer lugares nuevos.
29. Aprender.
30. Lograr lo que me propuse.
(La yapa) 31. ¡Recibir comentarios en mi blog!
La foto fue sacada de aquí y es de este artista.
lunes, 7 de febrero de 2011
Carbón
Esta foto de Carbón me gusta. Lo de atrás es, obviamente, su jaula.
Mis lentes, Carbón, y un pedazo de viruta.
Así come él.
Ya casi no escribo, aunque tengo muchos temas rondando en mi cabeza. Es como si me pusiera a escribir el post dentro de mi mente, como hablándome a mí misma. Incluso regreso en mis palabras, lo corrijo y cuando estoy satisfecha con él, por fin me puede dejar en paz. Muchas veces esto no me deja dormir o continuar durmiendo (a veces "escribo" mis posts antes de dormir y a veces son lo primero que se me ocurre en la mañana, cuando quiero seguir durmiendo). Siento que he cambiado mucho con respecto a lo que era cuando empecé este blog y entiendo perfectamente el por qué. En poco menos de un mes se cumplirá un año desde que lo creé y ha sido un año de cambios. Sobre eso ya escribiré en su debido momento (en el aniversario) pero a lo que iba es que mientras antes estaba sola y lo primero que hacía era abrir mi blog para expresar lo que pensaba, ahora tengo a alguien a quién le puedo contar las cosas por lo que ya no escribo tanto. Además que paso tanto tiempo con él que luego tengo barely enough time como para escribir. Pero vayamos directamente al post.
No, no voy a escribir sobre ese combustible sólido negro que usamos para prender la parrilla aunque por el título podría tratarse de eso. Voy a escribir sobre mi conejo enano. Sí, se llama Carbón y como podrán imaginar, es negro. Sí, se me ocurrió que su nombre podría ser un poco racista y ya me lo han dicho algunos amigos pero yo supongo que como lo llamé así sin ninguna mala intención no tiene por qué serlo. Además, ¡le calza perfecto! Como podrán ver en las fotos de arriba, Carbón es chiquitito, es una bolita de pelos negra con orejitas y con ojitos marrones. Les contaré su historia.
Yo no tengo mascotas desde los diez años. A los 9 mi mamá me compró un hamster que se llamó Harry, era de esos blancos con marrón-naranja clásicos, no los hamsters enanos. Me lo compró por premio a mis buenas notas porque yo me moría por tener una mascota y mi mamá no me dejaría tener un animal más grande. Además, yo prometí limpiar su jaula y cuidarlo bien. Harry era súper renegón y muchas veces me mordía horrible cuando intentaba hacerle cariño o cargarlo pero a mi me gustaba tener una mascota. Después de un año de muchos incidentes extraños, Harry murió en invierno y yo lloré inconsolablemente como cualquier niña de 10 años cuando muere su mascota. Desde entonces mi mamá no quiso comprarme otro animal porque se quedó con que el hamster olía horrible y no era para nada lindo. Ahora, ocho (casi nueve) años después, accedió a comprarme un conejo enano. He estado emocionadísima durante meses, pregúntenle a cualquiera. Ha sido siempre: "mi conejo esto, mi conejo el otro, quiero un conejo blanco o negro, estaba pensando en estos nombres...". Pero como sabrán que estuve ocupada, luego mudándome y todo no pudimos comprarlo hasta que todo se settle down. El punto es que terminé comprando mi conejo el viernes 14 de enero, hace poco más de tres semanas . Un par de días antes me fui al Centro para comprar su jaula, viruta y bebedero que sumaron en total 32 soles, lo que me hizo muy feliz.
El viernes 14 de enero llegué a la oficina de mi mamá con Dante en la noche y ella nos llevó al Jockey, al Pet Shop. Habían muchos niños gritando y jugando así que mi mamá salió y Dante y yo nos quedamos eligiendo el conejito. Yo había pensado comprar un lop, de esos que tienen las orejas caídas y se ven lindos y tristes a la vez. Como había mucha gente se demoraron la vida entera en atendernos así que nosotros mirábamos a los conejos intentando determinar cuál era enano y cuál no. Había uno blanco y uno negro que estábamos seguros que eran enanos. El negro era tan chiquitito y dormía en una esquina apachurrado con otros conejos más grandes. En ese momento Dante y yo decidimos que compraría el negro, sea lop o no. Cuando por fin nos atendieron nos dijeron que, en efecto, era un conejo enano, pero no era lop. Lo compramos de todas formas y lo llevamos a la casa. Yo ya le había preparado su jaula en una esquina de mi cuarto, un hambiente provisional hasta que sacaran unos vidrios que se habían quedado en el patio. Así Carbón y yo nos volvimos room mates.
Al principio se la pasaba escondido detrás de la cortina, ni siquiera metido en su jaula. Poco a poco fue paseando más por el cuarto y descubriendo nuevas cosas. Eventualmente descubrió el baño y siempre que yo abría la puerta para entrar, él entraba corriendo también. Luego su curiosidad aumentó y descubrió que las puertas llevan a lugares distintos entonces cada vez que abría una puerta, Carbón se acercaba corriendo. Incluso si era sólo la puerta del clóset que sólo lleva a darse en la cara contra cajones. Cuando salía de mi cuarto o le abría la puerta a alguien, Carbón salía corriendo cual Flash, pasando el pasillo, directo al cuarto de mi mamá. Si la puerta de mi mamá estaba cerrada, corría hacia la sala. Es rapidísimo, no tienen idea. Además, no saben lo sucio que estaba mi cuarto. Todas las mañanas lo barría y limpiaba el piso porque dejaba caca por todos lados. De todas maneras, la caca de los conejos no es nada especial, son como bolitas de pasto comprimido, pero es irritante tener que caminar por tu propio cuarto sorteando cacas. Y sin mencionar que se orinaba siempre en los mismos lugares: delante de la puerta de mi cuarto, al lado de la puerta del baño y luego delante de la puerta del clóset en donde guardo su comida... y mis zapatos. Y su orina no es como aguita que sólo moja y es fácil de limpiar, no. Si se queda mucho tiempo en el parqué, deja marcas y como que corroe el barniz así que tenía que darme cuenta rápidamente para limpiarlo.
Mi mamá se cansó de verme vivir entre pila y caca de conejo así que apenas quitaron los vidrios del patio hace un par de días (en realidad ella quería que lo moviera desde hace más tiempo), movimos la jaula de Carbón al patio. Ahora cada vez que paso por el pasadizo (que queda delante del patio) me siento culpable porque Carbón corre hacia el vidrio esperando a que lo saquen. El patio no es pequeño, pero supongo que se aburre estando solito y sin nada más que su jaula. De hecho voy a visitarlo o lo traigo a mi cuarto conmigo pero cuando salgo o en la noche estoy permanentemente preocupada de si tendrá frío o si se sentirá solo. Dante me dice que está bien preocuparme por mi mascota, pero que ya es un exceso que no pueda estar tranquila nunca por pensar en cómo estará el conejito. Supongo que es cierto, que tiene lo que necesita para estar bien y que no debería preocuparme tanto pero no puedo evitarlo. Me siento demasiado feliz cuando se acerca sin que lo llame y se sienta al lado de mis piernas o cuando me lame los dedos cuando me acerco a tocarlo porque es como si estuviera agradecido conmigo, lo que significa que lo estoy cuidando bien.
Creo que no tiene sentido llevar un animalito a casa si es que no lo vas a cuidar como corresponde. Entiendo que falte plata para llevarlo al veterinario o para comprarle la mejor comida, pero si alguien va a llevar a una mascota a casa y al final sólo la maltrata, no tiene sentido para mí. Para empezar que el llevar un animal a casa es una decisión propia. No creo que nadie compre un perro porque no quiere tenerlo o que recoja un gato de la calle porque le parece feo. Si se va a tener una mascota en casa es para cuidarla bien porque para tal caso se podría conseguir a alguien más que sí lo va a querer. He visto tantas veces animalitos que se vuelven agresivos o temerosos porque los han tratado mal y yo no entiendo como alguien podría ser tan cruel de golpear a un animal sin razón alguna. Si no les gusta el animal, no lo miren. Los animalitos no te van a obligar a que les prestes atención o que los mires, si a alguien no le gustan los animales simplemente no tiene que acercarse a ellos. A mí sí me gustan los animales y por eso tengo un conejito que intento cuidar lo mejor que puedo. Me de miedo volverme una persona negligente o cuidar mal a Carbón por ignorancia.
En todo caso, esta es la historia de Carbón, mi conejito enano negro. Espero escribir sobre lo que tenía pensado escribir pronto, ¡haré el esfuerzo!
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Desde mi punto de vista
domingo, 23 de enero de 2011
Vacaciones
Las vacaciones es una de esas épocas en las cuales lo que esperas de ellas es completamente distinto a lo que terminan siendo, o por lo menos para mí. Siempre empiezo las vacaciones pensando lo mismo: iré mucho a la playa, descansaré mucho, veré mucho a mis amigos, visitaré los lugares que no pude visitar durante las clases por falta de tiempo, comeré cosas ricas, conseguiré un trabajo para no aburrirme... Todos los años es lo mismo. Aunque tal vez de más chica pensaba más cosas como: comeré muchos helados D'onofrio en la playa, cavaré muchos hoyos en la arena, me bañaré mucho en el mar... En realidad cuando era pequeña tal vez sí cumplía con mis planes de verano, pero ahora que tengo 18 años no soy capaz de cumplirlos a pesar de tener más autonomía.
Primero, no conseguí el trabajo. Starbucks no me quiso, Bembos no me llamó, ya no recuerdo en cuales otros me apunté... El punto es que no tengo trabajo de verano y por lo tanto me pudro en la computadora por horas de horas. Además, no he ido a la playa, sigo tan amarilla como siempre. Fui a la playa en año nuevo, pero me dio tal insolación que no pude volver a echarme al sol. Fue verdaderamente deprimente. Fue algo como: llegamos el 29 y hueveamos por el hotel, el 30 visitamos el complejo del Brujo y el museo de la señora de Cao, el 31 nos mandamos la insolación mortal, 1 de sufrimiento y quedarnos encerradas en el cuarto, 2 de sufrimiento y quedarnos encerradas en el cuarto, 3 de sufrimiento y regresamos a Lima. Ya han pasado 24 días y yo sigo peleándome. Es vergonzoso. El punto es que con la mudanza y las compras para la casa y etcétera no hemos ido a la playa. Es verano y no estoy negra, ¡¿qué me sucede?!
No he visto a mis amigos. Bueno, sí he visto a los Tunkis durante los partidos y el tono y he salido una vez a Bernabé, pero no he visto a mis amigos de la universidad. Bueno, cuando me fui de viaje en Año Nuevo fui con Vivi y hace un par de días fui al Parque de las Leyendas con ella también pero no he visto al resto. A excepción de esa vez que vimos un par de capítulos de The Big Bang Theory en la casa de Marcos en algún momento de la vida que ya olvidé la fecha... Por alguna razón somos pésimos organizando salidas, creo yo. Siempre que queremos hacer algo, alguien no puede ese día y pide que se cambie o alguien no tiene plata (esa soy yo) o al final simplemente no sale. Tenemos un par de salidas en el aire esperando a que dejemos de posponerlas y que nos pongamos en acción. Me muero de ganas de verlos, tres meses es demasiado tiempo sin ellos y eso no puede ser.
Se supone que las vacaciones están hechas para descansar. ¡No entiendo por qué estoy siempre tan cansada! Debe tener algo que ver con que mi enamorado hace delivery de licor por las noches y yo lo acompaño hasta las 3 ó 4 am o que tengo una obsesión poco saludable con rebloggear fotos en Tumblr hasta altas horas de la noche. Me duermo a las 3 ó 4, me despierto a las 11 am y luego paso todo el día como un zombie hasta que por fin me despierto por completo en la noche. O ha pasado muchas veces que tengo que cuidar mientras están haciendo trabajos en la casa o acompañar a mi mamá a algún lado y me despiertan tempranísimo (8 ó 9 am). Entonces duermo dos o tres horas en la tarde, lo que invierte aún más mis horas de sueño. Lo peor es que no es como si estuviera saliendo mucho a fiestas o a emborracharme como algún joven común y corriente. No, lo que sucede es que yo soy otra geek más con una vida muy activa en el Internet que causa que siempre esté cansada en mi vida fuera del Internet. Al final el punto es que estoy permanentemente cansada y con dolores de cabeza, lo cual no es el punto de las vacaciones.
Sobre salir a lugares bonitos y sobre comer. No tengo plata. Soy misia. No cuento con una fuente de ingresos y me siento permanentemente culpable por pedirle dinero a mi mamá para cosas frívolas e innecesarias. Entonces no tengo dinero para salir a ningún lado ni para comprarme cosas ricas de comer. Los 8 soles 50 de la entrada al Parque de las Leyendas me parecieron una barbaridad, sin mencionar el taxi de ida que nos cobró 12 soles (4 cada uno porque eramos tres personas) y el pasaje de regreso. Además que no había comido nada ese día y me habían obligado a jugar football por lo que cabe resaltar que yo no hacía deporte desde hacía más de un año y estaba a punto de desmayarme. Pedirle los 15 ó 20 soles a mi mamá "para ir al Parque de las Leyendas" me resultó vergonzoso, ridículo, casi patético. "Mami, ¿me das 15 ó 20 soles para ir al Parque de las Leyendas? Por favor". No, simplemente no. Suena a: "No me importa lo duro que trabajas, yo solo quiero dinero para poder ir a ver animalitos". Eso es inaceptable. Resumiendo: soy misia y tengo profundos sentimientos de culpa.
Entonces este es un post de rant sobre cómo las tan esperadas vacaciones de verano entre mi primer y mi segundo año de universidad no han sido tan buenas como las imaginé. Big deal. No es como si no hubieran ocurrido cosas buenas, tampoco. Tengo a mi conejito enano precioso, Carbón. Es lo máximo y lo adoro aunque es medio tonto y me mantiene preocupada. Paso un montón de tiempo con mi enamorado a quien amo muchísimo y que me cuida cuando tengo mis dolores de cabeza y que me hace reír con sus cosas raras. Me he mudado, mi cuarto es más grande y más bonito y en general el departamento nuevo es más espacioso, moderno e iluminado. Me gusta tener mi baño propio y poder tener señal del Internet en mi cuarto sin hacer esfuerzos sobrehumanos.
En fin, no han sido unas vacaciones del todo malas. Queda aproximadamente un mes y medio y tras este análisis de cómo mis vacaciones van hasta ahora he decidido ponerme las pilas para hacer de ellas algo mejores. Cuando empiecen las clases no quiero estar arrepintiéndome de que no la pasé lo suficientemente bien o que no hice todo lo que quise hacer. Hay que sacarle el jugo a las vacaciones porque se viene Física I y eso no va a ser precisamente agradable. Además, ¡no he escrito casi nada a pesar de tener tiempo de más! Buscaré temas de los cuales escribir para no dejar mi blog atrás. Esta es una promesa, tengo el tiempo así que lo utilizaré mejor. Sí que sí, en vez de sentarme y quejarme intentaré hacer más. Espero que en el próximo post pueda escribir algo como: fui a tal lugar con tales amigos y también a la playa y comí tal cosa buenasa y me compré ropa paja en Gamarra y bla, bla, bla.
La foto fue sacada de aquí y es de este artista.
viernes, 14 de enero de 2011
Yo no entiendo a los que no lloran, pero me gustaría entenderlos
Me encuentro a mí misma y ya no sé qué hacer con los sentimientos que se escapan por mis dedos y que ya no puedo contener. Caigo en mi propia trampa, en mi propio dolo, y me retroalimento de él para seguir sufriendo lo mismo por lo mismo. Es inútil. Soy inútil en mi intento de escapar del círculo y abandonar el dolor. No sé qué soy, ni quién soy y no sirvo para esto. Me dejo caer en el círculo y todo vuelve a empezar.
Es una autoflagelación, una pena autoimpuesta.Soy yo contra mí misma y es todo lo que me molesta de mí multiplicado por un millón. Me regocijo en mis inseguridades, me acurruco en mi pena. Las imágenes pasan a mil por segundo y ya no reconozco a esa que me mira en el espejo. Me desfiguro a mí misma, me transformo y me odio porque quiero odiar algo, preferentemente a mí. Cada detalle me irrita, todo lo que soy me enerva. Soy lo que detesto y detesto lo que soy. Ya no sé qué vino primero, mi odio o yo. No sé si soy el producto de mi odio o si llegué a odiar lo que soy.
Y de cierta manera me entretiene, de cierta manera juego con el sentimiento que presiona mi pecho y creo un nuevo problema en mí misma para odiar. De cierta manera juego con el recuerdo de mi odio, desenpolvo mis inseguridades enterradas y les doy un nuevo sentido para existir. Ya no tengo catorce años ni necesito el Prozac, pero juego el mismo juego y caigo en el mismo círculo de hace ya casi cinco años.
No hay mucho más que decir de esto que ya no siento hoy, pero sentí ayer a las cuatro de la madrugada.
La foto es sacada de aquí y es de este artista.
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