sábado, 2 de abril de 2016

#DéjalaDecidir: Pro-elección



Yo estoy a favor de que las mujeres puedan elegir sobre sus cuerpos, que puedan tomar las decisiones que les permitan sentirse cómodas en su vida. No puedo decir al 100% que estoy a favor del aborto, porque eso sería sobresimplificar las cosas. No estoy a favor del aborto en sí porque me gustaría que, en primer lugar, nadie sintiera que necesita realizarse un aborto.

En mi mundo ideal, todas las personas tienen la información necesaria para tomar decisiones sobre sus cuerpos y su sexualidad. Todos los seres humanos del mundo comprenden a la perfección la manera en la que funcionan los sistemas reproductores y la reproducción, y no hay tabús o vergüenza en hablar del tema y hacer preguntas al respecto. Todos están informados en temas de sexualidad y tienen las herramientas claras para elegir el método anticonceptivo que mejor se adecue a ellos, a sus circunstancias y a su salud.

En mi mundo ideal, todos pueden acceder libremente al método anticonceptivo de su preferencia. Estos son completamente gratis y llegan por igual a todas partes del mundo, incluso a aquellas personas que viven en lugares lejanos, a menudo olvidados por los gobiernos. Además, todos saben  y pueden utilizar estos métodos a la perfección y todos estos métodos tienen una efectividad del 100% en todos los casos.

En mi mundo ideal, nadie es violado nunca. Es más, nadie nunca es víctima de violencia, mucho menos doméstica. En esta utopía, las personas no piensan que pueden tener sexo con otra persona sin tener su consentimiento total y con toda la información que necesiten. Nadie jamás resulta embarazada por violación, porque no hay violaciones.

En mi mundo ideal, ninguna persona embarazada sufre enfermedades o complicaciones por el embarazo que podrían poner en riesgo su vida. Nadie jamás sufre de embarazos ectópicos o cáncer o cualquier mal que, al juntarse con un embarazo, pueda generar peligro para la persona embarazada y el feto. Además, ningún feto puede desarrollar anomalías tales como la anencefalia ni tiene el riesgo de dejar de desarrollarse o morir en el útero.

En mi mundo ideal, ninguna persona embarazada debe preocuparse por su situación económica tras quedar embarazada. No solo las consultas prenatales son gratuitas y fácilmente accesibles en todas partes del mundo, sino que la asistencia al parto y todos los cuidados posteriores también lo son. Las madres no deben preocuparse por nada, ya que tendrán el soporte económico y social que necesiten durante toda la vida del niño nacido hasta que sea adulto. Además, las madres podrán volver a trabajar o estudiar cuando lo requieran, sin perder su trabajo o poner en riesgo su carrera o su economía.

En mi mundo ideal, ningún niño es abandonado porque todos los embarazos son planeados y deseados y, por lo tanto, todos los niños son queridos. Todos los niños son cuidados en familias que los aman, todos con el mismo acceso a derechos y oportunidades. Todos los niños crecen felices en familias que jamás los violentan porque a toda la sociedad le importa, de verdad, su desarrollo y felicidad. En caso que, a pesar de todo, la persona embarazada decidiera que no quisiera tener y cuidar al niño por nacer, podría encontrar fácilmente una familia que lo adoptara y cuidara de todas sus necesidades. En mi Perú ideal, no hay 10 mil niños abandonados esperando tener las mismas oportunidades de desarrollo que los demás.

En mi mundo ideal, nadie nunca siente que el traer una persona al mundo es una obligación o un castigo por tener sexo. Ningún niño es un castigo ni una vergüenza. Nadie juzga ni maltrata a nadie por estar embarazada, en vez de eso los apoyan y los ayudan a tener y cuidar del hijo. Todas las personas embarazadas lo están porque tomaron la decisión informada de estarlo, sabiendo que tendrían todo el apoyo que pudieran necesitar, todo el tiempo.

En mi mundo ideal, todas las personas que están embarazadas planificaron su embarazo y no sufren ningún riesgo ni tienen ningún temor por él. Todas las personas embarazadas están felices de estarlo y están emocionadas de traer a otro ser humano a mi mundo utópico donde todo está bien y no hay nada de qué preocuparse.

Sin embargo, el mundo real no se parece en nada a mi mundo ideal y, por lo tanto, siento que debo dejar que las personas elijan si quieren o no quieren pasar por embarazos y tener hijos. Porque estoy segura que pasar por un embarazo es difícil y mucho más en este mundo que no se parece en nada a lo que me gustaría que fuera. 

Personalmente, no creo que necesite realizarme un aborto nunca; pero entiendo que el mundo no es perfecto ni fácil y hay otras personas que sí sienten que lo necesitan. Si no, ¿cómo podría explicar todos esos pedazos de papel sucios pegados en los paraderos y los postes de luz que dicen: "Atraso menstrual, solución inmediata"? ¿Cómo puedo cerrar los ojos y pensar que vivo en mi mundo ideal cuando el mundo real es tan diferente y tan crudo? 

Así que, hasta que mi mundo ideal sea real, estoy a favor de que las personas elijan cual es la mejor opción para ellas, con información correcta y objetiva, y toda la seguridad que necesitan y la protección a su salud.


Escribí este texto hace semanas y, la verdad, es que publicarlo me daba terror; pero creo que es importante. La imagen es de la campaña "Déjala Decidir", que lucha por despenalizar el aborto en casos de violación en el Perú.

lunes, 21 de marzo de 2016

Des-aprender



Durante mi desarrollo como ser humano en este mundo que me ha enseñado reglas que solo se supone que siga, he tenido que ir aprendiendo a des-aprender. He tenido que mirar lo que me han enseñado a creer y hacer bajo una lupa y determinar si realmente creo en las bases de las ideas que mantengo en práctica. Si realmente estas bases me parecen injustas e inadecuadas, lo más lógico debe ser abandonar estas ideas y reemplazarlas por otras que sí coincidan con mi manera de ver el mundo. A menudo seguimos lo que nos enseñan ciegamente, sin cuestionar nunca si está bien o mal, si suma o resta. Hay ciertas reglas y comportamientos que solo asumimos como naturales y obligatorios cuando, al mirarlos bien, no tienen ninguna base sobre la cual sostenerse. Estos son los que debemos des-aprender.

Digo "des-aprender" y no, simplemente, "olvidar" porque realmente no he olvidado las ideas anteriores, las he desmenuzado, analizado y reemplazado. El des-aprender, para mí, es una lucha constante que requiere de mucho trabajo y autocrítica. Al des-aprender, estoy evaluando cada parte de las ideas que tengo del mundo, de la moral, de la sociedad; y trabajando activamente para deshacerme de todo pensamiento o acto relacionado. No estoy simplemente olvidando, estoy esforzándome por identificar estas ideas incoherentes con mi persona y sus consecuentes actos.

Me gusta pensar que he logrado des-aprender muchas de las ideas que me fueron enseñando mientras crecía y que no reflejan mi manera actual de ver el mundo. Además, creo que es un ejercicio importante y hasta necesario para ser coherente y consecuente con nuestra percepción del mundo. Muchas veces pienso que estoy apoyando una causa al 100%, pero luego me doy cuenta que tengo pequeños prejuicios y actitudes contrarias a esta y, por lo tanto, no estoy siendo un buen aliado. Dentro de todo, creo que como persona siempre debo buscar ser la mejor versión posible de mí y para eso la autocrítica es indispensable.

Una de las ideas que he tenido que des-aprender es que el sexo, o la sexualidad, es inherentemente malo o vergonzoso. Desde pequeña aprendí que no está bien andar teniendo sexo o besando o siquiera saliendo con muchos hombres, porque "eso solo lo hacen las putas". Incluso hablar de sexo o sexualidad era vergonzoso. Esto no solo se aplicaba a lo que yo quiera hacer, sino también a los comportamientos de otras mujeres. Entonces, no solo debería cuidarme de "no ser una puta", sino que podría juzgar si otras mujeres "no se están respetando" y "están actuando como unas perras".

Siendo mujer y habiendo crecido en un país bastante machista y conservador, esto me parecía una regla clara y obvia. Sin embargo, en algún momento empecé a evaluar esto y me di cuenta que realmente no tenía mucho sentido. ¿Por qué besar a muchos chicos significa que no te respetas? ¿Por qué yo debería juzgar la manera en la que otra persona respeta su propio cuerpo? Yo soy otra persona, totalmente diferente, con diferentes ideas y valores y no tengo por qué juzgar las decisiones de otros según lo que pienso. Y, de todas maneras, ¿realmente qué tiene de malo que una persona bese o tenga sexo con otras? Si hay consentimiento y son responsables, ¿por qué me debería importar lo que hagan con su cuerpo? Y, ¿por qué yo debería juzgar sus decisiones? Ninguna de estas preguntas tenía una respuesta clara para mí.

Fue entonces que pensé: "Lele, estás cayendo en falacias. ¿Acaso no crees que respetas a los demás y sus decisiones? No solo la sexualidad no tiene nada de malo, sino que juzgar a las personas es meterte en algo que no te incumbe. Nadie pidió tu opinión ni que emitas un juicio moral sobre las acciones de los demás según tus propias ideas. Basta". 

Desde entonces, fui intentando des-aprender. Actitudes como decir: "Esa chica se chapó a 5 patas en una noche, ¡qué perra!", ya no tenían ningún fundamento. Y aunque a veces estos juicios pasaran de pronto por mi mente, casi sin pensar, inmediatamente debía darme cuenta que eso no era correcto. Poco a poco, fui eliminando esos pensamientos de mi mente y reemplazándolos con la idea de que cada uno puede hacer lo que quiera con su cuerpo mientras no le haga daño a nadie y que yo no tengo ninguna razón para juzgar lo que los demás decidan hacer. Sé que no suena como una conclusión impresionantemente difícil, pero la verdad es que no pensaba así antes y es porque solo seguía lo que había visto y me habían enseñado.

Otra idea que tuve que des-aprender fue la de utilizar la palabra "gay" (o sinónimos o derivados) como un insulto o algo negativo. Es típico que las personas digan: "¡Qué maricón!" para decir que alguien es cobarde o de manera insultante para decir que alguien tiene algún rasgo o comportamiento que consideran femenino cuando no deberían tenerlo. Todo el mundo lo hace, todo el tiempo, pero eso no significa que sea correcto. Este tipo de expresiones simplemente no coinciden con la manera en la que yo comprendo el género y la orientación sexual y me parecen opresivas e insultantes. Al utilizar palabras relacionadas con la homosexualidad como burlas o insultos, se intuye que ser homosexual es motivo de burla o insulto. Se comunica que ser homosexual es lo mismo que ser cobarde o que es algo malo o vergonzoso de lo que nos deberíamos burlar. 

Entonces, regresa la autocrítica. ¿Por qué ser homosexual es equiparable a ser cobarde? ¿Por qué mostrar características femeninas debe ser motivo de burla o debe ser equiparado con ser homosexual? ¿Por qué, teniendo tantas palabras y términos a mi disposición, tendría que utilizar un lenguaje opresivo y discriminador para comunicarme? ¿Cómo es posible que, sintiéndome una ferviente defensora de la eliminación de la discriminación, yo misma utilice este tipo de lenguaje? Ciertamente no pienso que las personas homosexuales son cobardes y no creo que las personas no homosexuales son exclusivamente valientes, por lo que no es equiparable. Además, tener características consideradas femeninas no tiene nada de malo y no indican que una persona sea homosexual. Sobre todo y considerando mi ejemplo anterior, yo no tengo por qué emitir un juicio sobre las actitudes de otras personas.

Esta fue una idea difícil de des-aprender, pero he logrado hacerlo mayormente. Fue difícil porque es algo que realmente no siempre decimos con malicia y lo hacemos casi por costumbre, sin pensar en las consecuencias. Ya no utilizo ningún derivado de "homosexual" para nada que no sea su significado original, aunque eliminar la idea de relacionar debilidad con feminidad aún me cuesta.  A pesar que no creo que lo relacionado con el género femenino es inferior, todavía estoy luchando por sacar expresiones como: "¡Qué nena!" de mi día a día, pero estoy trabajando en ello.

Probablemente tengo muchas otras ideas que he des-aprendido a través de mi vida. Ideas relacionadas al racismo que vivimos permanentemente en Lima, ideas relacionadas a sentirme atacada por las posturas de los que no piensan como yo, ideas relacionadas a la superioridad de las personas con privilegio de educación... Lo importante es mantenerse en una permanente autocrítica, cuestionar nuestras actitudes todo el tiempo para asegurarnos que estamos siendo las personas que queremos ser.

Si leyeron todo esto, espero que hayan comprendido la importancia que yo siento hacia el tema y que, tal vez, hayan encontrado que también sería importante para ustedes. Más que pedirles que piensen o actúen como yo o que lleguen a las mismas conclusiones que yo, los invito a cuestionar las bases de sus propias ideas, a realizar una autocrítica sobre sus actitudes y, si encuentran alguna contradicción con la persona que realmente quieren ser, los invito a des-aprender.


La imagen la encontré en Google, la busqué por una frase que un amigo mío encontró en Boston.
Espero que esto signifique que estoy escribiendo de nuevo.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Ser mujer

Soy mujer porque me concibieron un óvulo y un espermatozoide con cromosomas X, porque mis hormonas generaron un útero y unos ovarios y mi cuerpo se desarrolló con todas las características del sexo femenino.

Soy mujer porque así lo decidieron cuando nací con vagina en vez de pene y testículos, y me pusieron vestidos y aretes y me vistieron de rosado. Y no me molestó; en cambio, me sentí identificada y cómoda.

Soy mujer y mientras crecía, me regalaban muñecas, Barbies, juegos de cocina, joyas de plástico, peluches tiernos y todo, siempre, rosado. Y no me molestó, me gustaba jugar con eso.

Soy mujer y jugaba con los carritos y los bloques de lego de mi hermano porque no me regalaban propios. Pero tuve suerte, porque igual estudié como todos mis hermanos y jugué en el jardín y trepé árboles y visité la playa y leí infinitos libros.

Soy mujer y por eso mi abuela me decía que tenía que aprender a cocinar para poder atender a mi futuro marido. Me reclamaba porque no me peinaba y usaba siempre jeans y zapatillas. Me decía que me tenía que peinar y maquillar para que luzca "como una señorita, porque ahora parecía un niñito".

Soy mujer y por eso me han repetido infinitamente que debo dejar de comerme las uñas porque a ningún hombre le gustan las chicas con manos feas y por eso me voy a quedar sola para siempre. Pero sé que me lo dicen porque soy mujer, porque mis hermanos hombres también se han comido las uñas toda la vida y nunca han oído esa condena caer sobre ellos, esa condena que dice: "te vas a quedar solo y nadie te va a querer por tener manos feas".

Soy mujer y cuando le dije a mi madre que había menstruado por primera vez, me respondió muy seria: "Ahora tienes que tener mucho cuidado porque si te violan, vas a quedar embarazada". Sé que me lo dijo porque soy mujer, porque tomamos casi por sentado que, si eres mujer, te van a violar. Y en especial si eres mujer y no tienes cuidado, si no sigues las reglas, si sales de casa, si andas sola, si tomas alcohol, si vuelves tarde, si tomas taxis, si vistes faldas, si usas tacos, si no estás con un hombre. Soy mujer y a las mujeres las violan.

Soy mujer y cuando mi primer enamorado me dijo que deje de decir tantas lisuras porque se veía mal que una señorita hable así, pensé que había algo mal conmigo. Cuando me dijo que cambie mi manera de vestir, de hablar, de comportarme, que deje de ver a mis amigos, que esté en cierto lugar a cierta hora para esperarlo... solo asentí e hice lo que me dijo. Porque soy mujer y las mujeres obedecen, porque cuando nos piden que cambiemos, cambiamos. Soy mujer y, cuando terminé con él porque ya no podía soportar esa relación de control, me dijo que era injusta, que era mala y me odió.

Soy mujer y tengo la mala suerte de vivir en una sociedad que piensa que, si no sigo sus reglas, merezco un castigo. El castigo es diverso: comentarios incómodos, estereotipos ridículos, que me sigan por la calle, que vulneren mi espacio personal, que me toquen sin mi consentimiento. El problema son las reglas. Sus reglas son ilógicas, asfixiantes, imposibles, carcelarias. Si no soy femenina, merezco quedarme sola, merezco que nadie me quiera. Si salgo de mi casa y uso falda y salgo sola, está justificado que me violen y me toquen e invadan mi espacio personal, porque me lo merezco. Si soy mujer, merezco que me griten y me sigan desconocidos en la calle, susurrándome al oído cosas que no quiero escuchar, comentando sobre mi cuerpo y lo que harían con él. Soy mujer y parece que soy un objeto esperando ser utilizado, un recipiente vacío sin capacidad de decidir lo que le pasa.

Soy mujer y entiendo que tengo suerte por beneficiarme de un número de privilegios a los que no todas tenemos acceso. Tengo suerte de haber nacido en una casa en Lima, en una familia que me pagó los estudios en un buen colegio y en una buena universidad y que me permitió ser libre y salir y leer y viajar y aprender. Tengo el privilegio de clase, de raza, de educación, de nivel socioeconómico, de no tener una discapacidad, de hablar español como lengua materna en el Perú. Soy mujer y tengo privilegios y tengo suerte de tenerlos, pero soy mujer y a veces eso incluso no es suficiente para estar a salvo.

Soy mujer y, sin embargo, no corrí la suerte de Lucía, que fue golpeada por su esposo tantas veces y de manera tan salvaje que tuvo que correr por su vida y esconderse en la pobreza de la ladera de un cerro. Soy mujer y no soy Lucía que, años después de escapar, tiene migrañas y dolores que persisten y no puede curar, producto de una violencia que no buscó.

Soy mujer, pero no fui atacada a los ocho años como Gabriela cuando el hijo del vecino forzó la puerta de su casa para intentar violarla en el piso de la sala. Soy mujer, pero no tuve que preguntarme a los ocho años de edad si todavía era virgen después de que un hombre me tocara, obligada. No tuve que preguntarme qué habría sido de mí si los vecinos no escuchaban mis gritos y corrían a mi auxilio.

Soy mujer y no soy Carmen, que es maltratada y abusada permanentemente por su esposo y no puede huir con sus cinco hijos porque siempre está esperando uno más y, de todas maneras, no podría mantenerlos a todos. Soy mujer y no me veo obligada a quedarme con un hombre que me pega y me viola porque no tengo manera de trabajar y cuidar a mis hijos y solventar sus gastos para que tengan una vida digna.

Soy mujer, pero no corrí la suerte de Marina y Maria José que se encontraron la muerte mientras buscaban lugares nuevos, mientras querían ser libres. El miedo a la calle no es gratuito, el mundo vive enseñándonos lo que pasa cuando sales y vives, pero no debería ser algo normal, este miedo no debería ser una cárcel. Soy mujer y tengo miedo de vivir sin vivir, de existir encerrada en cuatro paredes sin conocer nada y de solo acatar reglas asfixiantes e injustas. Soy mujer y tengo miedo de que mi vida termine como las de Marina y Maria José cada vez que intento probar el mundo, cada vez que intento vivir.

Soy mujer y no soy Lucía, ni Marina, ni Gabriela. No soy Carmen ni Maria José, pero pude haberlo sido y todavía tengo el resto de mi vida para serlo. Porque lo que nos aterra de ser mujeres no son los casos aislados, ojalá lo fueran. Lo que nos aterra es que la violencia, para nosotras, es la regla.

Soy mujer y tengo miedo de caminar por la calle, sola o acompañada, a cualquier hora del día (y, adivinen, no es solo porque me puedan robar el celular). Tengo miedo de ponerme la ropa que me gusta porque me van a decir de todo en la calle y la verdad es que me hace sentir demasiado expuesta, demasiado vulnerable, como si en cualquier momento fueran a pasar de la palabra a la acción y a la violación. Tengo miedo de que el chico con el que salgo tenga tan metido en la cabeza que soy loca, que no sé lo que quiero, que soy una mamacita... que piense que mis "no"s son "sí"s y que puede hacer lo que quiera con mi cuerpo. Y no solo el chico con el que salgo, de repente puede ser el vecino, de repente puede ser un tío, un amigo de la familia, de repente es el taxista o el que camina por a calle. 

Soy mujer y estoy cansada de tener miedo. Estoy cansada de que nos juzguen y comenten sobre nuestros cuerpos y nos echen la culpa y nos peguen y nos violen y nos maten. Estoy cansada de no sentirnos seguras en ningún lado, ni en nuestras casas, colegios, en la calle, ¡hasta en el baño!

Soy mujer y me rehúso a que el miedo me impida vivir y experimentar y soñar y ser libre. No podemos vivir encerradas, ni seguir todas las reglas, ni asfixiarnos bajo el peso del miedo. No podemos seguir calladas cuando nos echan la culpa por lo que otras personas decidieron hacernos. "Eso le pasa por caminar sola por la calle, por no elegir bien a su esposo, por usar faldas tan cortas, por no cerrar bien la puerta". No podemos seguir muriendo porque piensan que somos desechables.

Soy mujer y no soy desechable. No soy indefensa. No soy un objeto esperando ser utilizado. No soy una cifra de abuso sexual. No soy tu mamacita. No soy un par de tetas. No soy un útero para gestar niños. No soy una bolsa de arena para golpear. No soy tu propiedad.

Somos mujeres y somos humanas y solo queremos vivir. ¿Es mucho pedir?

domingo, 22 de junio de 2014

#UniónCivilYA: Parte 1



Hace tiempo que quiero escribir sobre esto, pero no logro terminar de formular un texto al respecto. Es que para mí es algo tan básico y lógico que no puedo terminar de entender cómo es posible que esté en discusión. "No entiendo qué es lo que no entiendes", como siempre digo.

Me parece que todo esto es un tema de empatía y me dolería mucho pensar que 80% de los peruanos carecen del razonamiento y la empatía básica para abogar por una causa justa contra la indiferencia del Estado hacia una minoría de la población. Prefiero pensar que es, tal vez, un tema de ignorancia y desinformación ya que la ignorancia siempre se puede superar enterándote más y dialogando sobre el tema. Entonces, propongo que hablemos abiertamente sobre esto y aclaremos todas nuestras dudas empezando, como se debe, desde el principio.

Al hablar de unión civil entre parejas homosexuales (y cuando se habla de homosexuales, en general) siempre se confunden dos términos: orientación sexual e identidad de género. En tiempos modernos como en los que vivimos (no, ya no vivimos en la sociedad occidental del siglo XV, como algunos parecen pensar) es importante establecer una distinción entre estos dos términos. Sin embargo, estos términos están ligados a dos términos más: sexo y género. Entonces, es importante aclarar estos cuatro términos.

Sexo: Se refiere a tu sexo de nacimiento, a tu sexo gonadal. Según esto puedes ser de sexo masculino o femenino. Es decir: testículos u ovarios, pene o útero, prepucio o labia, cromosomas XY o XX, prevalencia de testosterona o prevalencia de estrógeno y progesterona. Ahora, esto es complicado porque a pesar que seas genéticamente XX (femenino) pueden haber desbalances hormonales y por una abundancia de testosterona te veas como de sexo masculino. O tal vez por problemas durante la mitosis de los gametos (óvulos o espermatozoides) de tus padres no eres XX (femenino) o XY (masculino) y de repente eres XXY (Síndrome de Klinefelter) o  solo X (Síndrome de Turner). Es complicado y tiene excepciones, pero dentro de todo hay un consenso  de quedarnos solo con femenino y masculino.

Género: Ahora las cosas se ponen más complicadas aún porque ya no tenemos pruebas visuales, biológicas o químicas. El género se encuentra dentro de nuestras mentes. La idea de género es una construcción social basada en nuestra necesidad de crear distinciones y clasificar las cosas. Según tu género puedes ser hombre (masculino) o mujer (femenino). 
Lo que hacemos normalmente es mirar si el bebé tiene un pene o un clítoris y si tiene pene le compraremos ropita azul, una pelota de fútbol, carritos de juguete, legos, dinosaurios, bermudas, zapatillas y todas esas cosas "para hombrecito". Si el bebé tiene clítoris y vagina le compraremos ropita rosada, muñecas, vestidos, juegos de cocina, sets para hacer collares, peluches tiernos, maquillaje y todas esas cosas "para mujercitas". Además, se tiene la idea de que hay ciertas características de personalidad que los diferencian: los hombrecitos deben ser toscos y fuertes, mientras que las mujercitas deben ser abnegadas y sensibles. 
El género es la idea de qué te tiene que gustar y cómo debe ser tu personalidad. El problema es que el género realmente no depende de tus características biológicas o fisiológicas, es qué es lo que te gusta hacer y cómo sientes que eres. Además, el concepto de género cambia con el tiempo y la sociedad. Mientras que antes se consideraba que la cocina era solo para las mujeres, ahora muchos de los chefs y cocineros son hombres. Mientras que antes se consideraba que los pantalones solo podían ser usados por hombres, ahora es ridículo pensar que una mujer no pueda usar pantalones.
Entonces, el género se presenta, como vi en un video, como una maleta que te dan al nacer que está llena de cosas que debes hacer según tu sexo. Sin embargo, esas maletas arbitrarias no reflejan la realidad porque a la gente le gustan cosas tanto de una maleta como de la otra. A un hombre le pueden gustar los carros de carrera, pero también le puede gustar coser y tejer y usar maquillaje. A una mujer le pueden gustar los vestidos y usar tacos, pero también le puede gustar el boxeo y el fútbol y los videojuegos. Eso no está mal, solo te gusta lo que te gusta.

Orientación sexual: Hacia qué personas te encuentras o no atraído sexualmente. Aquí es donde entran los términos homosexual, bisexual, asexual, etc. Si eres de género femenino y te sientes exclusivamente atraída por otras personas de género femenino, eres considerada homosexual. Si eres de género masculino y te sientes atraído tanto hacia personas de género masculino como hacia personas de género femenino, eres considerado bisexual. A veces, en ciertos momentos de tu vida te sientes más atraído hacia personas de tu mismo género y en otros momentos de tu vida te sientes más atraído hacia personas de otro género. A veces no sientes atracción sexual alguna hacia nadie y entonces eres considerado asexual. 
Es importante mencionar que lo más importante en una relación es que sea consensual y las personas estén felices. Mientras eso se cumpla, todo está bien. Además, la orientación sexual no es una elección. La conducta sexual es una elección porque eliges qué hacer y con quién, pero la orientación sexual es la atracción y la persona no decide hacia quién se siente atraído. Por ejemplo, yo me enamoré de mi enamorado, pero no lo vi y dije: "Ajá, voy a tener sentimientos hacia esa persona". Solo ocurrió.

Identidad de género: Cómo te sientes y te percibes a ti mismo en cuanto a género. Como mencioné antes, el género es una creación social y depende de lo que la sociedad considere "de hombres" o "de mujeres" en cierto momento. Una persona puede ser sexualmente masculina, pero se identifica a sí misma con todas las concepciones sociales de lo que es una mujer; por lo tanto es de género femenino.
Acá entran los términos "cisgénero" y "transgénero". Una persona es cisgénero cuando el género con el que se identifica calza con el género que se le asignó. Por ejemplo, una niña que ha sido criada siempre con las concepciones del género femenino y que se identifica con todos o la mayoría de estos rasgos. Una persona es transgénero cuando el género con el que se identifica no calza con el género que se les asignó. Por ejemplo, una niña que ha sido criada siempre con las concepciones del género femenino, pero que se identifica más con los rasgos del género masculino.
Esto tampoco es arbitrario y por eso se creó el término "queer". Una persona "queer" es quien no entra completamente ni en la concepción de ser mujer ni en la de hombre, sino en una mezcla de ambos. A mi parecer, todos o la mayoría de las personas entramos en esa categoría porque dudo mucho que todos nos identifiquemos al 100% con los rasgos del género que se nos fue asignado. Ahí es cuando la gente te dice: "Hacer eso no es de señoritas" o "Pareces una machona" o "Te portas como una mujercita".
Me parece que lo que hay que entender es que las cosas no son exclusivamente de uno o de otro género. Cocinar no es solo de mujeres, la mecánica no es solo de hombres, los tacos no son solo para mujeres, los comics no son solo para hombres, tejer no es solo de abuelas. A todos nos puede gustar cualquier cosa y eso no significa que se nos tenga que encasillar en nada más que: "Si te gustan los hamsters te encuentras dentro del grupo de seres humanos a los que les gustan los hamsters". 
Sin embargo, la concepción de los géneros existe y hay personas que prefieren ser referidas como hombres o como mujeres a pesar de no ser sexualmente masculinas o femeninas, respectivamente. Eso es algo que debe ser respetado porque si tú te sientes hombre no te gustaría que se refieran a ti como "niña", "señorita", "laptop" o "garza"; quieres que la gente te reconozca como un hombre y se refiera a ti como "él" y utilice adjetivos correctos como decir: "él es bonito", en vez de "esa garza es bonita".

Por todo esto considero que el tema de la unión civil, la orientación sexual y la identidad de género es una cuestión de empatía. Porque a pesar que yo soy heterosexual (en lo que va de mi vida, nunca sabes de quién te vas a enamorar) y soy mayormente cisgénero (aunque podría considerarme más queer), entiendo que el mundo no es fácil para la gente que no es como yo y entiendo que es injusto que tenga que ser tan difícil.  Entiendo que no tienen por qué haber distinciones en la calidad de vida de las personas debido a sus gustos y cosas que no pueden controlar y que no le hacen daño a nadie. Entiendo que las personas de orientación sexual e identidad de género distintas a la mía también son seres humanos con derechos que deben ser protegidos. Entiendo que, si bien históricamente estos grupos no han sido respetados, es hora que lo sean porque no es posible que se siga tratando a las personas de manera diferente cuando todos supuestamente comprendemos que la discriminación es algo que no debería suceder. 

Es una cuestión de empatía porque, a pesar que no va a cambiar la manera en la que yo vivo, va a mejorar muchísimo la manera en la que viven otras personas. Por eso lo apoyo, porque la lucha por un país más justo e inclusivo también es mi lucha. 

A pesar que la mayoría de las personas del planeta son heterosexuales y cisgénero, se debe reconocer que existen personas que no lo son y estas personas tienen una vida muy complicada porque el Estado ha ignorado su existencia y sus derechos y porque la gente los trata diferente y los maltrata. Como dicen y como todos deberíamos saber: "Los derechos de la minoría no deben estar sujetos al parecer de la mayoría". Derechos son derechos y deben proteger a todos, no importa qué es lo que le parezca a la mayoría. Mayorías y minorías, todos somos humanos.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Calvario



Te recuerdo detenido en un segundo de calvario
aferrándote, desesperado, a tan poco que se te escapa de las manos.
Se deslizan entre tus dedos los susurros impolutos
del amor que se te había prometido
y ya no era más
porque ella, de espaldas,
se escabulle por la neblina,
un fantasma más que puebla
la moribunda necrópolis
de tu corazón.


La imagen es de aquí.

domingo, 9 de marzo de 2014

Bochorno



Me despierto entre sábanas blancas cubierta de tu olor y tu tacto y tus besos como un sudor seco pegado a mi piel. Y siento, pegajosos, los recuerdos bloquear mis poros, impidiéndome respirar. Me despierto entre tus brazos que ya no están y palabras que no son más que susurros en el bochorno. Entonces me sobo los ojos  y veo tus iris observándome en la oscuridad de mis párpados cerrados. Me estiro y se descosen las suturas de tus heridas y vuelven a doler, y vuelven a sangrar.

Creo que es hora de darme un baño.

Me meto en el agua y me lavo el pelo una y otra y otra vez intentando quitar tu olor como si se tratara del hedor de cigarro de una mala noche. Enjabono mi cuerpo y lo restriego con la esponja intentando deshacerme de esa capa de piel que tocaste, que grita tu nombre y que arde de pena y vacío. Me quedo bajo el agua y ya no sé si es la ducha o si lloro.

Me quité todo, quedé vacía.

Por fin me dejaste.

Cierro la ducha, tomo la toalla, salgo del baño y me doy con la sorpresa que el mundo es nuevo.

Estoy limpia de ti.


Tengo entradas escritas que no publico porque siento que nunca estarán listas. Me cansé, aquí va una.
La imagen es de aquí.

domingo, 16 de febrero de 2014

Algo hermoso



Me pidieron que piense en algo hermoso.
Cerré los ojos
y vi los surcos dorados
que recorren el marrón de tus iris.

Vi tu boca abrirse
y soltar una carcajada.
Vi tus labios
volverse una sonrisa.

Vi tu mano
arrastrarse por el espacio entre nosotros,
deslizándose sobre el cuero del sillón
para buscar la mía.

Vi mechones de tu pelo
bailar y saltar brillando,
dorados, al ritmo del viento
en una tarde rosada.

Me pidieron que piense en algo hermoso
y solo pude pensar en ti.


La imagen es de aquí.

sábado, 8 de febrero de 2014

Resaca



Iba manejando por Miraflores, el sol había sido desplazado por una neblina suave y helada que barría las calles. A lo lejos, reconocí una figura que caminaba cabizbaja con el celular en una mano y la otra metida en el bolsillo del pantalón. Lo hubiera reconocido en cualquier momento, en cualquier lugar. 

Se me ocurrió poner las luces de emergencia, detenerme, ofrecer una sonrisa y decir: "¡Hola! ¿Te jalo a algún lado?". No podía hacer eso. Ya no. Eso estaba totalmente fuera de lugar. Era un gesto amable que podía caerme como una bomba directo al alma, que podía destruirme hasta lo más profundo. ¿No verlo por meses y hacer eso? ¡Debía estar loca!

Seguí manejando. Entonces, me dio miedo pasar a su lado y que reconozca mi auto azul y me vea llorar por el espejo retrovisor y se sienta mal porque no paré a ofrecerle que lo jale a algún lado o porque lloro cuando lo veo caminando en la calle. Me dio miedo que piense que lo estaba siguiendo, que estaba pasando a su lado adrede porque lo acosaba día y noche porque nunca lo podría superar. Ya era muy tarde para cambiar de camino, me acercaba a pasar por su lado rápidamente y no había nada que pudiera hacer al respecto.

Entonces, me asaltó el miedo más profundo de todos, el miedo que me paralizó y me hirió más. Me dio miedo que no reconozca mi auto azul, que no me reconozca por el espejo retrovisor, que no se sienta mal porque lloro cuando lo veo por la calle. Me dio miedo que me haya olvidado por completo y de verdad.

No pude evitar que las nubes en los ojos empiecen a llover, ni que se tuerza el nudo en la garganta, ni que mi cerebro se acalambre y duela y regresen todos los recuerdos que pensaba que dejé ir.

Supongo que así se siente una resaca del alma, cuando todo lo que amaste por fin te choca y te hiere. No me quedó más que manejar de vuelta a casa.


La imagen es de aquí.

martes, 14 de enero de 2014

Te olvido

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

-Espergesia, César Vallejo.


A veces te olvido entre los textos que leo,
en la garúa de verano que humedece Lima,
en la sonrisa de otro, de otros, en la mía.

A veces te olvido en las conversaciones banales,
en las noches mientras duermo,
en la comida, el baile, el alcohol.

A veces te olvido, no te voy a mentir,
cuando veo series y mi vida ya no es mía
o en los momentos en los que estoy demasiado ocupada
como para pensar.

Pero luego te recuerdo.
Cuando escucho tu nombre o lo leo,
incluso si no se refiere a ti.

Te recuerdo cuando mencionan cualquier cosa,
cuando mencionan cualquier momento,
cuando hablan.

Te recuerdo cuando paso por Arequipa con Angamos,
cuando paso por el óvalo Gutiérrez,
cuando paso por Angamos con Aviación,
cuando paso por el parque frente a mi casa,
cuando paso por el parque Kennedy,
cuando paso por Benavides con Caminos del Inca,
cuando paso por Shell con Larco.

Todo Lima me hace recordarte
y por eso, una vez más,
debo decirte adiós.


A veces siento que todo sale mal.
Y una canción:
"Now Cinderella don't you go to sleep, it's such a bitter form of refuge. Don't you know the kingdom's under siege and everybody needs you".


martes, 7 de enero de 2014

Confesiones de la vida



Se me ocurrió que tenía unas cuantas cosas graciosas y extrañas de mí para compartir. Publicar esto arruinará un poco la dinámica de mis conversaciones con extraños porque siempre termino rompiendo el hielo con alguna de mis anécdotas extrañas, pero creo que vale la pena contar un poco de esto.

1. Hoy me quedé encerrada en la ducha. Cerré la puerta muy fuerte y no sé qué sucedió, pero luego no la podía abrir. Me dio mucho miedo tener que pedirle ayuda a mi hermano y que tenga que entrar a ayudarme mientras yo estaba calata o jalar la puerta muy fuerte y que el vidrio se desencaje y me aplaste y muera horriblemente.

2. Mi mamá me regaló una perrita hace un par de días y es súper extraña porque le compramos unos mats absorbentes que se ponen en el suelo para que orine ahí y solo orina ahí durante la noche. De 7 am a 5 pm orina todo el suelo de mi cuarto y me la paso trapeando porque es mi responsabilidad, pero durante la noche solo usa el mat. Es muy extraño.

3. Cuando tenía como 12 o 13 años quise que mi papá me enseñe a manejar, pero le dije que ya tenía una idea de cómo se hacía. Entonces él abrió la puerta de la cochera, me sentó en el asiento, lo acomodó para que llegara a los pedales y me dijo que presionara el freno y moviera la palanca a D (el carro era automático). Sin embargo, a mí me dio vergüenza decir que no sabía cuál de los dos pedales era el de freno y pisé el acelerador. Casi nos chocamos violentamente contra una pared, pero mi papá usó el freno de mano y me dijo que entre a la casa. Por eso y un par de cosas más no aprendí a manejar hasta los 20 años.

4. Cuando tenía como 5-8 años o por ahí, pasaba mis veranos en la casa de playa de mi familia con mi hermano y mis primos. Un día, mientras caminábamos por ahí, encontramos un pequeño huevo en el suelo. Decidimos llevarlo a la casa y cuidarlo para poder tener un ave bebé. Nos turnábamos para cuidarlo y hasta la noche todo estuvo bien, pero llegó mi turno y yo dormía en la cama superior del camarote. Por alguna razón, tenía el huevo en la mano y quise hacerle cariño como a un perro y se cayó y se rompió. Entonces me sentí muy culpable y me puse a llorar y luego mi tía me regañó por ensuciar el piso y me hizo limpiarlo. Claramente el huevo estaba muerto y podrido, por lo que olía horrible. Es por eso que dejé de comer huevo por años, porque olía el olor de putrefacción de mi huevo bebé en todos los huevos que debía comer. Ya no tengo problemas con eso.

5. Cuando estaba en el cole, probablemente primero o segundo de secundaria, me quedaba durante las horas de academia haciendo nada en el colegio solo para pasar más tiempo con mis amigas. En una de esas tardes quisimos ir al baño, pero por alguna razón todos los baños de mujeres estaban cerrados. Entonces, decidimos entrar al baño de hombres de secundaria porque no había nadie y realmente necesitábamos orinar. El problema es que el baño olía francamente asqueroso. Realmente asqueroso. No comprendo cómo alguien podía soportar más de 3 segundos en ese baño. Realmente compadezco a la gente que tenía la obligación de limpiar ese baño. Entonces, determinamos que nuestra única opción era contener la respiración mientras estábamos en el baño. "3, 2, 1, ¡VAMOS!", contuvimos la respiración y entramos al baño. Salimos dando grandes bocanadas de aire y riéndonos escandalosamente por nuestra gran hazaña y nos topamos cara a cara con el director del cole. En verdad, el director del colegio era un viejito inglés súper buena onda así que no sé por qué aún me sorprende tanto. Tipo, recontra, recontra chill, y se sabía el nombre de todos los alumnos, creo. Nos miró, nos sonrió y nos dijo: "Be good, girls", y se fue. 

6. Cuando estaba en el nido, o sea que tenía como 3 años, me gustaba un niñito del salón de las mariposas. El problema es que yo le gustaba a uno de mis amiguitos. Cuando se fue de viaje a Paracas, me trajo un pequeño lobo de mar de cerámica. Era un verdadero love triangle y yo era una verdadera rompecorazones.
PS. Si te sientes identificado, escríbeme, te he estado buscando desde entonces.

7. Cuando estaba en el cole, no recuerdo cuántos años tenía, hubo un tiempo en el que me duchaba como en 2 minutos o menos porque estaba convencida que había un fantasma en mi baño porque durante un apagón me pareció ver una mano blanca tocando la puerta de la ducha (me estaba duchando con una linterna, por eso es que pude ver la mano). Lo raro es que realmente me echaba shampoo, acondicionador y jabón; solo que lo hacía muy rápido y no sé cómo.

8.  Empecé a escribir blogs cuando tenía como 13 o 14 años, probablemente porque me sentía sola. Pensaba mucho y tenía muchas cosas qué decir y no encontraba a la persona correcta a la que estuviera bien decírselo y que me comprendiera o me escuchara. Entonces lo escribía en un post y lo publicaba y aunque nadie lo leyera o aunque todos lo leyeran y no lo entendieran, de repente había alguien por ahí que sí lo leyera y lo entendiera y se sintiera identificado y comprendido. Creo que esa es la razón por la que escribo en el blog hasta ahora: porque me expreso mejor escribiendo, porque tengo cosas qué decir y porque de repente alguien ahí afuera me entiende. Lo mejor es que sí he hecho una buena amiga a través del blog y sí me he comunicado mejor con otras personas a través del blog. Así que si funciona, ¿para qué parar?

9. Cuando tenía 15-16 años pasé un mes y medio en Londres en casa de mi tía. En ese tiempo estaba pasando por toda esta fase rara de que me gustaban algunas modas japonesas en las que las chicas tenían el pelo súper raro y de colores extraños. Yo estaba en todo mi amor por el morado (que aún perdura) y por estas modas, y además estaba lejos de casa, entonces decidí pintarme el pelo de morado. Fui a una tienda cualquiera y me compré un tinte de un color como violeta y me pinté el pelo. No quedó del todo mal, el problema es que lo pinté sobre mi color natural de pelo y cuando lo lavaba se salía y a las tres semanas terminaba con el pelo color cucaracha. El punto es que me lo pinté unas cuántas veces más, pero como el tinte duraba muy poco tiempo, la mayor parte del tiempo me la pasaba con pelo color cucaracha. Todo bien, clásicas decisiones que tomas a los 15 años.

10. Realmente he asustado a gente a la que yo le gustaba o que me gustaba o le parecía interesante o me parecía interesante solo siendo yo misma y diciendo lo que se me pasaba por la cabeza. Posiblemente estas personas pensaban que yo era completamente diferente a lo que soy o no me conocían muy bien. Probablemente decirle que le hablaba solo porque estaba aburrida o ser súper stalker no es lo más atractiva que puedo ser. En todo caso, esa soy yo: la chica que hace o piensa cosas raras que asustan. Y que cuenta anécdotas en su blog. Y twitea mucho sobre su perrita. Esta soy yo.


No sabía qué foto poner, lo siento.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Nos vamos a conocer

Nos vamos a conocer y pensarás que soy tierna y yo pensaré que eres gracioso.
Me agregarás a Facebook y conversaremos de cosas sin importancia hasta la madrugada.
Pasarán las semanas y probablemente saldremos a algún lugar los dos solos.
Te darás cuenta que no puedo parar de comerme las uñas y me daré cuenta que no te molesta.
Me preguntarás sobre mis hobbies y yo no mencionaré que escribo un blog.
Te preguntaré sobre tu infancia y me contarás alguna historia idiota, graciosa, sin importancia.

Eventualmente saldremos de nuevo, y otra, y otra vez.
Tal vez te deje besarme y tú me dejarás sostener tu mano mientras caminamos.
Comeré helados y dulces y tú solo me observarás ensuciarme la cara, y te reirás.
Mirarás a la gente y recordarás historias que nunca me dirás.
De repente, un día me preguntarás si quiero estar contigo y yo me reiré y diré que sí.
Porque así es como van las cosas.

Entonces, saldremos más y estaremos juntos más tiempo.
Vendrás a mi casa y te contaré lo que sucedió en el día.
Me verás estudiar y yo ignoraré tu presencia por momentos.
Me acostumbraré a ti y tú te acostumbrarás a mí.
Te acostumbrarás a mis momentos de ausencia y me acostumbraré a tus silencios.
Me acostumbraré a tus enojos y te acostumbrarás a mi indecisión.
Nos acostumbraremos el uno al otro, a todas esas imperfecciones que no nos molestarán.

Me amarás.
Y yo te amaré menos de lo que le amé a él.
Me amarás más de lo que ella le amó a él.
Y te amaré menos de lo que tú me amarás.

Pero, al fin y al cabo, nos amaremos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Adiós



Adiós a jugar en la cocina, a que me cargues en tu espalda, a que me lleves a mi cuarto y me sientes en mi cama para que te cuente qué hice hoy.
Adiós a correr a buscarte, a recogerte del trabajo, a esperarte leyendo libros de poesía.
Adiós a Cuzco, a Santa María, a casi Puerto Rico, al salar de Uyuni y a encontrarnos en Disney, en París.
Adiós a tus indecisiones, a mis recelos, a los resentimientos que nunca supimos manejar.
Adiós a tenerte dormido a mi lado, a la compañía mientras estudiaba, a las despedidas de madrugada.
Adiós a que engordes conmigo, que hagas dieta sin mí, al KFC y las tortas y el ron.
Adiós a tus ojos de perrito, a mi sonrisa eterna, a tu mano en mi mano, a tu frente en mi hombro.
Adiós a ti conmigo, a mí sin ti, a tu madre y a tu abuela que siempre me adoraron.
Adiós a tres años hermosos, tortuosos, eternos.

Adiós a mí, a Lele, a Laura, al pedazo de alma que te llevas y que siempre me faltará.
Adiós a ti, precioso, único, verdadera muestra que aprendí a amar.

Ni todos los adioses del mundo serían suficientes para despedirme de ti.


La imagen es de aquí.

martes, 12 de noviembre de 2013

Un hoyo vacío



Ay, Laura, te encuentras de nuevo en el mismo lugar. En el mismo hoyo vacío y confuso al que sueles regresar cuando las cosas no salen bien, cuando la gente no te quiere como tú los quieres.

Regresas al mismo hoyo y te escondes de todo y de todos, temerosa de que algo más te deje abandonada. Sientes que no podrías soportar más despedidas. Y aun así sigues buscando atisbos de esperanza y luz que te dan fuerzas para salir de ese hoyo oscuro; pero, cuando estás a punto de salir, te das cuenta que todo era imaginación tuya. Que las esperanzas eran vanas y la luz era falsa y te lo imaginaste todo solo para que el mundo sea un poco más soportable, un poco menos pesado. Al final debes despedirte de nuevo cada vez.

Es que para la gente como tú la gravedad es más fuerte, el aire pesa más y todo te jala hacia el hoyo de nuevo. Y sabes que al final no importa si obtienes lo que quieres porque terminarás en el mismo hueco vacío de nuevo, porque en realidad nunca saliste de ahí, porque lo más alejada que has estado de él es mirar por fuera del borde el mundo exterior, pero siempre con la mente metida en la oscuridad. La verdad, Laura, es que vives en esa oscuridad, es parte de ti y jamás podrás zafarte. Estás hecha de vacío y de angustia hasta la última fibra de tu cuerpo y, aunque no quieras, siempre te verás inmersa en ese hoyo oscuro. De repente es por eso que todo siempre termina tan mal, por eso es que la gente no te quiere y por eso siempre te sientes fuera de lugar.

La gente hecha de vacío y angustia está destinada a vivir sola, Laura. Toda compañía es eventual y distanciada. A nadie le gusta vivir con oscuridad en su vida. No importa cuánto amor entregues, ni cuanto busques a la gente; la oscuridad siempre los espantará.

Ya es hora que comprendas que la vida es más cruel que lo que es justa y que una persona hecha de angustia jamás podrá obtener lo que en verdad quiere: no ser más angustia.


Han sido malos días. De lágrimas y sábanas frías.
La imagen es de aquí.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Madre

Mi madre me encontró acurrucada en la cama mirando la pantalla sin verla, con los ojos hinchados y respirando lentamente.
-¿Por qué estás acurrucada así? ¿Tienes frío?
Negué con la cabeza. Sentía el llanto regresar. Se acercó a la cama y me miró desde arriba, con pena.
-¿Fuiste a hablar con él?
Asentí con la cabeza. Definitivamente el llanto regresaba. Se sentó en la cama y miró hacia el techo, calculando sus palabras para no hacerme más daño.
-Si son cosas que no se pueden cambiar... Bueno, no se puede hacer nada, no sufras. Pero yo creo que ustedes los jóvenes tienen la palabra "terminar" en la punta de la lengua y la usan para cualquier cosa que pase. Al final, si se quieren y quieren estar juntos van a seguir regresando el uno al otro y seguirá pasando lo mismo. 
Me miró con muchísima pena porque ese siempre había sido mi gran error: sentir mucho. De alguna manera, si hubiera sido fuerte e insensible, yo hubiera sido mejor y más balanceada. Pero siempre fui un manojo de lágrimas y nervios, y mi madre jamás supo bien qué hacer conmigo.

Me preguntó si iba a cenar y se fue a su cuarto. El mundo se redujo a mi pequeño departamento en Miraflores y a las palabras sabias de mi madre.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Domingo por la tarde



La cama, las sábanas, la laptop sobre tus piernas.
Palabras que no quieres decir atoradas en tu garganta.
Sentimientos que no quieres llorar encerrados en tus ojos.
Y caen,
            y caen,
                       y caen.
Hay palabras que suenan tan mal. ¿Qué significan?
¿Algún día lo sabremos?
¿Qué somos?
                     ¿Por qué existimos?
                                                    ¿Por qué estamos aquí?
La rueda da vueltas y aún no comprendo a dónde me lleva.
Las frases que dices no tienen sentido.
¿Dónde están tus pruebas?
                                                   Todo parece lo contrario.
Los sentimientos se encuentran
                                                            dis per sos.
  Nadie sabe lo que no tiene
                                          hasta que
                                                         lo encuentra.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Herida


Hay una herida que nunca va a sanar.
Que sangra,
                   que duele,
                                   que pena
                                                  en las sombras,
                                                                          debajo de tu cama,
                                                                                                        en el repostero de la cocina,
                                                                     en el desagüe del caño,
                                   en el fondo del espejo.
En la última coronaria,
                                    triste,
                                              de tu desgastado
                                                                         corazón.


Y hay un elefante sentado sobre mis pulmones. No me deja respirar.
La foto es de aquí. Que bueno que no soy taba en HTML porque sino no hubiera podido añadirla.

lunes, 19 de agosto de 2013

Alimentando inseguridades



Las inseguridades se alimentan todos los días, o por lo menos cada día de por medio. Se alimentan casi solas: acechando en la oscuridad, en la esquina de tu ojo, en tu punto ciego al caminar. Se alimentan de pequeñas cosas, prefiriendo lo que más te duele.

Las inseguridades se alimentan de fotos, cuando esa chica luce mucho mejor vestida de azul que tú. Comen nudos en la garganta y toman lágrimas de frustración cuando no puedes hacer bien las cosas. Se alimentan de esos sentimientos que te invaden antes de entrar a la ducha y te miras al espejo, cuando tu pelo nunca luce bien y te sobra más carne de la que quisieras. Se alimentan del sentimiento de desesperanza cuando, por fin, te rindes y dejas de intentar. Se alimentan de esa vez que te dejaron plantado, de cuando hiciste que tu equipo perdiera, de esa vez en la que te cambiaron por otra persona mejor que tú.

Así las inseguridades crecen, día a día. Se vuelven criaturas agresivas que te jalan hacia atrás cuando intentas hacer algo nuevo. Crecen para convertirse en sombras que tapan todas tus virtudes y que minimizan todos tus logros. Te convencen que lo que está mal está peor, que nunca serás suficiente, que te mereces toda la pena del mundo. 

Y te susurran cada vez que pasas frente al espejo: "Solo mírate, das vergüenza". Cada vez con más fuerza mientras más se alimentan.


Blogger es una mierda y no me deja subir foto.


viernes, 10 de mayo de 2013

Arruinada



Arruinada: la alfombra al derramarse la copa de vino.
Arruinada: la almohada cuando el perro la rompió.
Arruinado: el florero al caerse de la mesa.
Arruinado: el vestido al rasgarse con la reja.
Arruinada: la cena cuando se quemó.
Arruinada: la gamuza al pisar un charco.
Arruinada: yo
después
de ti.


Algún día regresaré a escribir, pero no será hoy.
La imagen es de aquí.

sábado, 23 de marzo de 2013

Chile 0 - Perú 0


Ayer fui al estadio a ver el partido, esperando ese gran sentimiento de "comunidad" y de "pertenencia" del que todos hablan. Ese momento en el que todos los que están en el estadio son "hermanos" y "nuestros corazones laten como uno". Quería sentir el sentimiento de que "cuando gana Perú, ganamos todos".

Me bastó una hora en el estadio para darme cuenta que estaba completamente lejos de esa utopía. Una hora en la que salió a calentar el arquero chileno, ahí empezó todo. Cuando salió el arquero peruano, Fernández, todos aplaudieron y gritaron. Todo estuvo bien hasta entonces: gritar con las multitudes, cantar todos a una misma voz, aplaudir al unísono, saltar y alentar. Sin embargo, cuando salió a entrenar el arquero chileno todo se volvió gris, como en una película. Mis "hermanos" del estadio se volvieron agresivos, todo lo que parecía tan emocionante me dio asco. ¿Cómo le aplauden con tanta emoción a su arquero e insultan con tanta agresividad al del contrincante?

Los insultos siguieron, esporádicamente, intercalados con barras de aliento para nuestro equipo. En condiciones como esas, yo no quería alentar. ¿Cómo alentar en base a insultos al contrincante? ¿Qué clase de criaturas irrespetuosas, salvajes y maleducadas éramos para tratar así a nuestros visitantes? ¿Cuál es, realmente, la necesidad de tratar así a los demás? Era absolutamente innecesario y ridículo y me dolía ver a mis "hermanos" del estadio convertirse en eso.

Lo peor llegó cuando cantaron el himno. Mientras que los chilenos entonaban su himno con orgullo, como todos cantamos los nuestros, el estadio rugía en un grito de: "¡Hijos de puta! ¡Hijos de puta! ¡Hijos de puta!". Me ofendió tanto lo irrespetuoso que fue que casi me pongo a llorar y ahora que lo recuerdo al escribirlo, me dan ganas de llorar de rabia de nuevo. Cuando empezó el himno de mi país, el país que adoro y el país por el que lucho, no canté. No iba a cantar mi himno cuando no pudimos respetar el del otro país. No podía sentirme orgullosa de este partido, de esta gente, de esta mierda. No podía darle mi bendición, ni el orgullo de jugar por nuestra patria. 

En ese estadio no se jugaba por amor a la camiseta ni por orgullo de que esta sea de Perú. No se jugaba por llegar al mundial, ni por probar que somos buenos, ni por diversión, ni por comunidad. En ese estadio se jugaba por avergonzar al otro, por insultarlo y aplastarlo y sacarles pica. Se jugaba por saldar odios que llevan un siglo quemando en la idiosincrasia de la gente por una batalla de otros que ya nada tiene que ver con nosotros.

Los insultos siguieron y siguieron durante todo el partido. Por lo menos de nuestro lado, Sur, mayormente durante el primer tiempo y dirigidos al arquero. Para cuando llegó el gol grité y me emocioné por dos segundos, pero no pude celebrarlo. Los veía a todos tan felices, pero no podía formar parte de eso. Me esperaba más, mucho más, del deporte que "une" a la gente. Me esperaba más del estadio y de su gente. Me esperaba que, por lo menos, alentemos a nuestro equipo con unión y respeto. Pero, ¿qué podía esperar de un grupo de humanos que se comportaban como salvajes? ¿Qué podía esperar del fútbol, que cobra muertes y delincuencia siempre? 

No sé si esto pasa siempre, no sé si cada vez que se juega un partido la gente se comporta así. De repente es solo en partidos contra Chile, lo cual no lo hace más aceptable. No sé qué clase de comunidad se puede formar en un estadio en torno al odio y la falta de respeto. Lo único que sé es que me pareció absolutamente maleducado e inaceptable y que no formaré parte de ningún evento así, nunca más. Damos una imagen asquerosa como hinchas y como país al comportarnos así en un partido y me dieron una imagen asquerosa a mí.

Al final aprendí que el fútbol no une a la gente, ¿cómo podría? ¿Cómo puedes sentirte "hermano" de tu vecino de asiento, de tribuna, pero no de la tribuna de adelante donde se sentaban los chilenos? ¿Cómo puedes sentirte "hermano" de la gente del estadio, pero no de tu país vecino? ¿Cómo puedes sentirte "hermano" de la gente del estadio entre tanto odio? ¿Cómo puedes sentirte humano si reverencias tu himno y no respetas el del otro?

El fútbol no forma comunidades. Al contrario, las fragmenta. Las fragmenta según de qué país eres, de qué equipo eres hincha y cuál jugador te gusta más. Las fragmenta entre los que se sienten a gusto de insultar y agredir al otro, y los que no. Las comunidades se forman alrededor de valores, de trabajo y de un bien común; no en torno a odio e insultos. El fútbol, más que crear comunidades, crea guerras porque le da a la gente una excusa para insultarse, pelearse y odiar.

Disfruten de lo que quieran, pero yo no disfrutaré jamás de encontrarme entre tanto resentimiento. Tengo amigos chilenos a los que quiero un montón, tengo amigos y familia venezolana, tengo amigos colombianos y argentinos y estadounidenses... No pienso lograr que un estúpido deporte me haga insultarlos. Yo soy peruana, pero soy una ciudadana del mundo y mis "hermanos" se encuentran tanto aquí como en otros países. Sinceramente, por ver el comportamiento de la gente en el estadio, siento que Perú perdió, que su gol no valió nada. Con comportamientos así, Perú siempre pierde.

Tal vez algún día entenderé qué le encuentran de divertido y emocionante a este circo. No lo creo, pero tal vez un día comprenda cómo pueden llorar por un gol y celebrar una victoria y sentirse una comunidad entre tanta mierda. De repente un día entienda por qué yo me siento tan ofendida mientras que los demás lo encuentran tan divertido.

Al final queda la pregunta: ¿Cuántos partidos contra Chile como visitante nos tomarán para que suelten en insultos todo el resentimiento que tienen?

domingo, 3 de marzo de 2013

Carta a tú



Querido tú,

Me da pena que seas un cagado y que nunca madures y que tal vez jamás encuentres tu lugar en el mundo. Me da pena, especialmente, que yo tenga que vivir cagada por tu existencia hasta que logres madurar y lo peor es que, si nunca lo haces, tendré que sacarte de mi vida para que no me cagues más.

Ya estamos grandes, ambos; pero parece que el tiempo pasa y todo sigue igual. Yo sigo esforzándome como puedo dentro de mi flojera y tú sigues viviendo tranquilo sin esforzarte para nada. Nunca entendí si la gente era demasiado permisiva contigo o si realmente nunca te importó lo que te dijeran los demás. Recuerdo que la gente sí te decía cosas. No sé si siempre, pero te gritaban y te pedían que te corrijas; así que supongo que sencillamente nunca te importó. A pesar de todo, creo que hasta yo dejé que pases sobre mí muchas veces y, a pesar que le dije a mi mamá, la culpa siempre fue mía porque sabía que eras un cagado e igual permití que suceda.

Me da pena que seas un cagado, en verdad. Me da pena que vivas así, renegado a una esquina sin tomar responsabilidades por tus actos y dejando que te lleve la corriente. Me da pena porque sé que así no se consigue nada importante en la vida. Tal vez, en realidad, nunca quisiste conseguir nada importante en la vida por lo que sería tonto sentir pena porque nunca lo harás; pero de cierta manera me hubiera gustado que seas alguien importante o que hagas algo importante. De repente solo soy egoísta en este sentido, pero creo que a todos nos gustaría ser importantes de cierta manera, ¿no?

La vida me ha enseñado que jamás debo acostumbrarme o aguantar cosas que no me agradan, aunque de repente es solo mi creencia de joven revolucionaria. Lo aprendí cuando esos bullies me hacían la vida imposible en el colegio y jamás dejé que sus comentarios me hirieran o que se queden sin saber lo que pensaba de ellos. De repente faltaron bullies en tu vida para que entiendas que no debes tratar así a la gente, que no debes pasar por encima de ellos y querer que el mundo se acomode a tus necesidades e intereses. Suena horrible, lo sé, pero a veces creo que el ser un "underdog" y estar del lado de la persona a la que bullean te hace darte cuenta que nadie tiene por qué sentirse así y que no es justo. De cierta manera le agradezco a mis bullies por permitirme tener esta visión y me gustaría que tú la tuvieras, también. De repente así dejarías de pasar por encima de los demás y obligarlos a acomodarse a tus necesidades.

Te escribo así, a lo grande, porque eres muchas personas. Eres tantas personas en mi vida que me cuesta escribir sin relacionar mi texto con alguna en específico. Me da pena que haya tanta gente como tú en mi vida y en el mundo. Me da pena sentirme así por tantas personas, también. Hay algo que está muy mal en el mundo, o en mi mundo.

Al final, realmente espero que madures y encuentres tu lugar en el mundo y dejes de pensar que tienes derechos por sobre las demás personas. En especial, espero que tomes responsabilidad por tus actos y te des cuenta que haces cosas que están mal y te disculpes de corazón por ellas; aunque siempre pensé que eso era madurar. Estoy preocupada que nunca lo hagas y te tenga que sacar por siempre de mi vida y seas una de esas personas que no querría que se acerque a mis hijos o que perturbe mi paz cada vez que te vea. Por favor, madura para que podamos seguir viéndonos y seguir en contacto y que, tal vez, algún día puedas conocer a mis hijos. 

Por favor, madura y deja de ser un cagado porque por ahora no te puedo sacar de mi vida y no aguanto más de esto.


Si lloro, es de rabia.
La foto es cualquier cosa que me gustó, es de aquí.